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Paraguay: Los desafios de Abdo Benítez

Declaración: Las opiniones expresadas en este comentario son las del miembro del personal. Este comentario es independiente de intereses nacionales o políticos específicos. Las opiniones expresadas no representan necesariamente la posición institucional de International IDEA, su Consejo de Asesores o su Consejo de los Estados Miembros.

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El pasado miércoles 15 de agosto, Mario Abdo Benítez (Marito, como le llaman sus seguidores para diferenciarlo de su padre quien fue secretario privado del dictador Alfredo Stroessner), asumió como el noveno Presidente desde el retorno de Paraguay a la democracia en 1989. Su elección, tuvo lugar durante las elecciones generales del pasado mes de abril, ocasión en la que derrotó al liberal Efraín Alegre, por un escaso margen de 3,7%.

El régimen político paraguayo es presidencial, con un mandato de cinco años y sin reelección. El sistema electoral no regula el ballotage, el Congreso es bicameral y su elección es concurrente con la del presidente.

La democracia en esta “isla rodeada de tierra”, como la definió el escritor Augusto Roa Bastos, cuenta con casi 30 años y en 2018 celebró su séptima elección general para renovar autoridades nacionales. Desde la caída de la dictadura, todos los presidentes ejercieron funciones en tan solo un mandato, rompiendo así con una larga historia de gobierno autocrático, como fue el liderado por el general Stroessner.

Abdo Benítez (46 años) lidera un sector renovador de la Asociación Nacional Republicana (ANR), más conocida como Partido Colorado, fuerza que domina la política paraguaya de manera hegemónica desde hace más de siete décadas, salvo durante el quinquenio 2008-2013 que estuvo gobernado por los ex presidentes Fernando Lugo (Frente Guasú de centro izquierda) y Federico Franco (PLRA).

De acuerdo con el Índice de la Democracia de la Unidad de Inteligencia del medio británico The Economist, Paraguay alcanza 6.31 puntos de 10, situándola en el grupo de democracias imperfectas.

Paraguay ha demostrado en los últimos años un leve avance en su apoyo al régimen democrático; según el Latinobarómetro 2017, de 2016 a 2017 el país ha aumentado 4 puntos porcentuales el apoyo a la democracia, alcanzando un 59% (6 puntos por encima del promedio regional situado en el 53%). Y si bien el 76% de la población indica que la democracia es el mejor sistema de gobierno, en una escala del 1 al 10, donde diez es el valor de percepción de estar viviendo bajo un régimen de democracia plena, la puntación ha sido de 3, frente al promedio de la región de 5,4.

Viento de cola y desafíos

El mandato de Abdo Benítez arranca con viento a favor pero también plagado de obstáculos y desafíos.

El viento de cola viene del lado de la economía. Este pequeño país de 7 millones de habitantes y cuarto exportador mundial de soja, registra un sólido crecimiento, superior al 5% promedio en los últimos cinco años -muy por encima de la media regional- pero con fuerte dependencia en los recursos naturales. La inflación es manejable (4,2% anual) y los déficit fiscal y el nivel de deuda pública son bajos (1,5% y 26% respectivamente). La agencia calificadora Fitch recomendó al nuevo mandatario mantener una política económica prudente, mejorar la gobernabilidad y fortalecer la transparencia.

Este alto crecimiento económico convive con elevados niveles de pobreza -26,4%, de los cuales más de la mitad viven en las zonas rurales-, alta informalidad (40%), precariedad laboral, corrupción generalizada (puesto 135 a nivel mundial en el Índice Global de Transparencia Internacional), bajo nivel de presión tributaria (13% del PIB) y marcada debilidad institucional, sobre todo en lo tocante a la falta de independencia del poder judicial.

Para dar respuesta a estos desafíos, Abdo Benítez prometió concentrar sus prioridades en 4 ejes: 1) mantener la estabilidad macroeconómica, aumentar la tasa de crecimiento y generar empleo de calidad; 2) mejorar el acceso y la calidad de la educación en un país en el que el 60% de la población tiene menos de 30 años, solo 4 de 10 terminan el ciclo básico y únicamente 1 de 100 concluye la universidad; 3) respetar la institucionalidad y la división de poderes, sobre todo la independencia del poder judicial, poniendo fin a la existencia de “una justicia amiga”, para luchar frontalmente contra la corrupcion y la impunidad – a la que demonimó como el “cancer a vencer”-; y 4) generar políticas sociales efectivas para promover la inclusión y reducir la abultada deuda social.

Pero la puesta en marcha de esta ambiciosa agenda no le será fácil: sin mayoría en el legislativo y con un Partido Colorado dividido entre su sector, otro independiente y el tercero bajo la influencia del ex presidente Horacio Cartes (quien todo hace prever que hará una oposición férrea) la gobernabilidad no está asegurada. En efecto, de los 45 senadores, los colorados suman 17 legisladores, de los cuales 8 responden a la línea del presidente Abdo Benítez, 2 son “independientes” y 6 se mantienen fieles al liderazgo del ex presidente Cartes. Los liberales suman 13 curules, el Frente Guasu tiene 6 representantes, el Partido Patria Querida 3 legisladores, el Partido Democrático Progresista cuenta con 2 legisladores, el emergente Partido Hagamos, con 2 legisladores, y finalmente, el movimiento Cruzada Nacional, con un curul. Por su parte, en la Cámara de Diputados, de un total de 80 curules, los colorados suman 42 diputados pero también divididos en varios grupos.

Como vemos, la falta de una base de apoyo político propio y el encontrarse en minoría en el legislativo, el cual presenta un alto grado de fragmentacón, obligará al nuevo mandatario a negociar con todos los sectores políticos dentro y fuera del partido colorado. A ello debemos agregar la crispación de la población (sobre todo las clases medias urbanas y los jóvenes) frente a la corrupción, a un sistema político clientelar y a un Estado ineficiente.

Abdo Benítez propone un cambio de raíz para Paraguay incluida una posible reforma constitucional. Sus promesas tienen lugar en un momento en que Paraguay vive una creciente movilización ciudadana. Para ello deberá oir y dar respuesta rápida a los reclamos de una sociedad que está harta de la corrupción y de los errores de sus dirigentes. La opinión pública y los analistas están divididos entre los escépticos –quienes opinan que Abdo Benitez será un simple continuador del conservadurismo colorado- y los que creen en su promesas de cambio. Su discurso de juramentación fue acertado y bien recibido. Ahora es tiempo de gobernar y cumplir las promesas.

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